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Visión del diario “The economist” sobre la problemática instalada

10/10/2005 22:16 Hs.

Papeleras


Visión del diario “The economist” sobre la problemática instalada

El 6 de octubre, el diario norteamericano “The economist” dedicó espacio a la problemática suscitada por la instalación de las papeleras en Fray Bentos. A continuación, Diario El Día reproduce textualmente la traducción de lo publicado por el reconocido medio estadounidense.

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Traducido por Noemí Adriana Gigena

La batalla de la inversión extranjera

Al otro lado del Río de la Plata, Uruguay no tenia problemas hasta que la economía de su vecino país, Argentina, colapsó hace cuatro años originando corridas en sus bancos. Esto provocó una crisis en la misma economía uruguaya, con una reducción en su PBI del 11% en el 2002. Pero a diferencia de Argentina, Uruguay no declaró el default en su deuda pública ni rompió sus acuerdos. Esa es la razón por la cual en Abril,  Metsa-Botnia, una empresa finlandesa, comenzó a construir la planta de celulosa sobre el río Uruguay en el límite con Argentina. Este mes, la empresa ENCE de España, planea comenzar a construir una planta similar a varios kilómetros de distancia. Con un costo combinado de 1.700 millones de dólares, las dos plantas constituyen las mayores inversiones de capital en la historia del Uruguay  y se espera que produzcan un impulso a su impresionante aunque frágil- recuperación, siempre y cuando la Argentina y sus manifestantes ambientalistas les permitan seguir adelante.


 El gobierno de Argentina se queja de que Uruguay no lo consultó sobre las plantas, que, asevera, contaminarán el río cuya soberanía comparten ambos países. Una comisión binacional se ha convocado para analizar esto, pero su informe no es vinculante. Para disgusto de Uruguay, Argentina está tratando de bloquear un préstamo de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial para solventar el 9% del costo de las plantas. El resultado de esta batalla le interesa mucho al presidente del Uruguay, Tabaré Vazquez y a su gobierno del ala izquierda del Frente Amplio, elegido el año pasado. Vazquez mantiene la política de económica ortodoxa de su predecesor y para desilusión de los activistas ecologistas, ha dado su aprobación a las plantas.  

Las papeleras tienen sin duda una reputación desagradable a nivel ambiental. Quienes se oponen dicen que se deben plantar más de 1 millón de hectáreas de árboles de eucaliptos para proveer a los aserraderos, amenazando al resto de la vegetación local. Además se quejan de que la planta de Metsa-Botnia no usará la tecnología más limpia de producción, lo que significa que puede emitir dioxinas potencialmente carcinogénicas. Pero el valor económico de las plantas es enorme. Su costo  total representa el 11% del PBI del Uruguay y podría agregar un porcentaje de 1,5 puntos por año a su índice de crecimiento.

Sin embargo, se necesitarán aun mas inversiones para sostener la recuperación del país, que hasta ahora ha reducido la tasa de desempleo a un 12%, de un pico de 20% que llego a tener 3 años atrás.

Danilo Astori, el ministro de economía, quiere aumentar la participación de inversión en el PBI a un 20% para el 2010. Pero a pesar de las instituciones y gobierno estables del Uruguay, atraer más proyectos como las fábricas de celulosa a un mercado pequeño puede ser tarea difícil. La opinión pública es hostil a las privatizaciones, está comprometida con la asistencia social y desconfía de la inversión extranjera. El Congreso del Uruguay todavía tiene que ratificar el tratado de inversión bilateral propuesto con Estados Unidos.

Mientras tanto, Vázquez ha estado ocupado cumpliendo algunas de las promesas a sus partidarios. A pesar de tener una relación inflexible con los trabajadores, le ha dado a los sindicatos aún mayores poderes. Le ha ordenado a su reacio ministro de economía, que ya venia peleando con una deuda pública igual al 85% del PBI, que presupueste un aumento en educación así como en el programa antipobreza de emergencia.

Si bien la asistencia social del estado  ha servido bastante bien a la democracia, alguien la tiene que pagar. Los uruguayos esperan que la Argentina no les impida que las papeleras hagan su aporte.